El mercado estadounidense es parte del sustento de bodegas de cava como la de Sadurní Oliver. «Nosotros exportamos un 20% de nuestra producción y un 10% lo enviamos a Estados Unidos», explica el propietario de Caves Oliver Viticultors. Para ellos, un arancel del 200% como el que Donald Trump utiliza para amenazar a la Unión Europea «será perder el mercado».
Y es que la guerra comercial emprendida por el presidente estadounidense está siendo un ojo por ojo que está dejando ciego a todo el mundo. Todo empezó con Trump y su metralleta de aranceles, a lo que Europa contestó con contramedidas que no han gustado nada al mandatario republicano, que acusa a la UE de haber «estafado durante años» al país norteamericano y ahora amenaza con aranceles del 200% al vino europeo, al champán y otras bebidas alcohólicas, si no se retira el impuesto europeo al whisky estadounidense.
Aunque aún no hay fecha para la entrada en vigor de esos aranceles a las bebidas europeas, Francia ya ha amenazado con subir otro nivel y su ministro de Comercio Exterior, Laurent-Saint Martin, ya ha avisado de que «Europa no va a permitir que Estados Unidos siga amenazando las exportaciones europeas». Un toma y daca contra el que bodegas como la de Xurxo Alba piden tranquilidad. «Nos estamos anticipando a algo que no sabemos si va a suceder», señala no obstante.
Los bodegueros españoles, en cualquier caso, reconocen la incertidumbre del momento. El año pasado, España exportó más de 1.200 millones de litros de vino a Estados Unidos, pero solo en el mes de diciembre, las exportaciones aumentaron casi un 30%, justo después de que Trump ganara las elecciones.
Ese aumento, según José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino, corresponde a «un incremento de las ventas motivado por una previsión de que pudiera haber problemas». Problemas que, sorpresa para nadie, han acabado llegando.
