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Qué es un reventón térmico, la fuerte corriente que puede sorprenderte sin previo aviso

El pasado verano, la Costa Tropical de Granada experimentó un fenómeno meteorológico extremo que sorprendió tanto a residentes como a turistas: un reventón térmico. Las intensas rachas levantaron sombrillas y objetos de playa, obligando a las autoridades a desalojar las zonas afectadas y a recomendar a los vecinos permanecer en casa. Además, se registraron mangas marinas y trombas, lo que agravó la situación y provocó el rescate de al menos cinco personas a la deriva.

Este año, en medio de la tercera ola de calor que vive España, la alerta roja de AEMET para el sudeste peninsular adelantaba la llegada de algo similar. Pero, ¿qué es un reventón térmico?

Qué es un reventón térmico

Según describe la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en su Guía Descriptiva de los fenómenos meteorológicos recogidos en el Sistema de Notificación de Observaciones Atmosféricas Singulares (SINOBAS) un reventón térmico es «una fuerte corriente descendente convectiva, originada a menudo en el seno de una nube de tormenta, que ocasiona vientos destructores. Tiene una dimensión horizontal inferior a 10 kilómetros, y su tiempo de vida puede ir de 5 a 30 minutos«

¿Cómo se originan los reventones térmicos?

Los reventones térmicos se generan a partir de corrientes descendentes dentro de la nube, que pueden activarse por distintos procesos. Uno de los mecanismos principales es el enfriamiento del aire, causado por la evaporación de gotas de agua o por la fusión y sublimación del hielo, como granizo o nieve. Este enfriamiento hace que el aire se vuelva más denso y descienda rápidamente, provocando ráfagas de viento intensas.

También puede generarse debido a la carga de hidrometeoros, que se produce cuando el peso del agua líquida o sólida acumulada en la nube es suficiente para iniciar la corriente descendente. En muchos casos, este factor es determinante para el inicio del reventón.

Además, condiciones externas como la presencia de aire seco en la atmósfera o los cambios en la velocidad y dirección del viento con la altura pueden favorecer la formación del fenómeno.

Tipos de reventones térmicos: cuando el viento irrumpe sin aviso

Aunque todos los reventones térmicos tienen en común que sorprenden por su fuerza y rapidez, no todos son iguales. Su intensidad, duración y relación con la lluvia determinan cómo impactan en nuestro entorno y los riesgos que generan para personas, vehículos y estructuras.

Por un lado, están los micro-reventones, que son pequeños en extensión pero enormes en fuerza. Con menos de cuatro kilómetros de alcance y apenas 15 minutos de duración, estas ráfagas pueden volar toldos, derribar ramas o sorprender a quienes se encuentren al aire libre. Su reducido tamaño no los hace inofensivos: lo que les falta en escala lo compensan con intensidad, convirtiéndose en un fenómeno local pero devastador.

Otra forma de clasificarlos es según la precipitación. Los reventones húmedos combinan viento y lluvia, creando ráfagas intensas y reduciendo la visibilidad. Son especialmente peligrosos en entornos urbanos, donde pueden afectar el tráfico y causar daños en infraestructuras. Los reventones secos, en cambio, apenas dejan caer gotas: su fuerza proviene de la evaporación del agua antes de tocar el suelo. Estas ráfagas repentinas y calientes parecen surgir de la nada, sorprendiendo incluso a meteorólogos y generando daños similares a los de un tornado en pequeña escala.

Impacto de los reventones térmicos en la vida cotidiana

La violencia de estos fenómenos no solo altera la tranquilidad de una jornada de playa o de ocio, si no que puede afectar gravemente a la seguridad aérea, ya que las corrientes descendentes alteran la estabilidad de los aviones en despegue o aterrizaje. De hecho, en la aviación internacional se los conoce como downbursts y son objeto de especial vigilancia en aeropuertos situados en zonas de clima cálido o húmedo.

En la superficie, los daños más comunes se relacionan con la caída de árboles, el desplazamiento de mobiliario urbano, el vuelco de embarcaciones ligeras y la rotura de infraestructuras provisionales como carpas o escenarios. En el ámbito agrícola, también pueden causar pérdidas significativas al arrancar cultivos, derribar invernaderos o provocar incendios cuando coinciden con ambientes muy secos.

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