Su mensaje es claro: apostar por la reutilización de los productos, aprovechando así, al máximo, los recursos. Para eso, solo hace falta voluntad, pequeños gestos. Por ejemplo, el agua de la ducha que cae, pero no utilizamos, se puede usar para regar las plantas. O compartir vehículo para desplazarnos. O coger los residuos y reciclarlos. El numero de ciudadanos que reciclan no para de crecer cada año.
En 2021, se depositaron casí 19 kilos (18,8 kg) de residuos en los contenedores amarillos por persona. Una cifra que aumenta en el caso del contenedor de papel y cartón (19,3 kg), según Ecoembes. Se crean así ciudadanos circulares. «Un ciudadano circular es consciente de la huella que tiene todo nuestro día a día. Ese que intenta reducir, reciclar, reutilizar y muchas más ‘erres’«, ha señalado Nieves Rey, directora de Comunicación de Ecoembes.
Comprar en tiendas de segunda mano es otro ejemplo. Porque sí, hay rentabilidad económica, pero también una mirada circular. «Los recursos son finitos y necesitamos que se alarguen al máximo», ha apuntado Rey. El objetivo: dejar atrás el usar y tirar y empezar a apostar por usar, reusar, volver a usar y, al final, reciclar.
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