Desde la perspectiva de algunos expertos como Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, el hecho de que el número de horas aumente, ya sean ordinarias o extraordinarias, «significa que las empresas están funcionando bien».
Esa es la parte positiva, pero también hay un lado negativo: de esas horas extras realizadas más de un 42% no se remuneraron. Eso significa una «menor tributación, cotización y menores salarios pagados a muchas personas», destacan desde Comisiones Obreras.
Según cálculos del sindicato, las horas extraordinarias que no se pagan equivalen a más de 11.000 millones de euros al año y más de 270.000 puestos de trabajo que no se están generando.
Por eso hace falta más control para que las horas trabajadas se remuneren siempre. El registro de jornada obligatorio puesto en marcha en 2019 es un paso importante porque aunque haya horas extra que sigan sin pagarse los trabajadores lo tienen ahora algo más fácil para poder reclamarlas a la empresa.
Son necesarios entonces más inspecciones de Trabajo de las que ya hay. La ley establece que esas horas extras se tienen que compensar, pero dice que serán convenios colectivos los que determinan si se pagan o se pagan con descanso.
Eso sí, tanto si se cobran o como si se disfrutan la empresa no puede compensarlas por debajo del valor que tiene una hora ordinaria.
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