Pedir un taxi para el mismo trayecto desde un teléfono cuesta más que hacerlo desde otro. Hace tiempo que los precios son distintos en función del cliente y hemos aceptado que cambian según la fecha o la demanda, pero imagina que el algoritmo analiza tu historial, tu localización o el motivo por el que viajas y decide que pagarás más.
En Europa, en teoría, no es legal. El problema es que muchas veces damos nuestro consentimiento a las empresas al aceptar las cookies.
Javier Gándara, presidente de la patronal de las aerolíneas, asegura que muchas variables entran en juego a la hora de calcular el precio: «El único requisito que influye no son las circunstancias individuales, sino con cuanta antelación ha comprado y como de demandado es ese vuelo. No hay ninguna acción deliberada de porque has buscado un vuelo este vuelo va a subir».
No obstante, las empresas buscan el llamado umbral del dolor, el precio máximo al que está dispuesto a pagar un cliente. «Es como si te ofrecieran una Coca Cola cuando has acabado un partido de futbol. Estas dispuesto a pagar mucho más que cuando te has bebido cuatro», explica el economista Gonzalo Bernardos.
Unos precios dinámicos que ya están marcando las condiciones de todo lo que hacemos.
