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De González a Rajoy: los cambios de los expresidentes con las pensiones que llevaron a los jubilados a la calle

Las pensiones están en el centro de la preocupación social desde que tenemos memoria y también han sido usadas como munición política desde el inicio de la democracia.

La primera gran reforma llegó en 1985, cuando comenzaron los ajustes. Ese año, Felipe González cambió el periodo mínimo de cotización de 10 a 15 años. Así, se produjo la primera gran huelga por las pensiones el 20J, ante el descontento y la preocupación de la población.

Diez años más tarde, llegó el Pacto de Toledo para calmar las aguas, firmado en ese momento por todos los partidos políticos y con la promesa de no usar las jubilaciones de manera partidista, separar los pagos en la hucha entre contributivas y no contributivas y el compromiso de revalorizarlas de acuerdo al precio de la vida.

En 1996, llegó Aznar con la predisposición de mantener el legado, aunque dejando la puerta abierta a posibles recortes, por si acaso.

Años más tarde, en 2008, llegaría la crisis y Zapatero tuvo que adoptar una de las medidas más polémicas: subir la edad de jubilación dos años más, hasta los 67. Además, también las congela, aumentando el malestar de los pensionistas.

En 2013, Rajoy rompió el Pacto de Toledo y limitó la revalorización al 0,25%, cruzando un límite. De esta forma, nacieron las mareas pensionistas y los jubilados llenaron las calles de nuestro país, exigiendo dignidad. Las peticiones y enfado que ya mostraron en el pasado están más actuales que nunca.

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La inflación nos come: esto es (todo) lo que se podía comprar con 5.000 pesetas y lo (poco) que se puede adquirir ahora con 30 euros

Vamos a pasar una tarde de compras para comprobar cómo ha cambiado lo que antes podíamos comprar con 5.000 pesetas y lo que podemos adquirir ahora por 30 euros.

Entramos en una carnicería y vemos que un kilo de solomillo de cerdo ronda hoy los 15 euros, mientras que en 1997 lo encontrábamos por 1.390 pesetas, es decir, casi la mitad.

Además, antes con 5.000 pesetas nos sobraría para salir del supermercado con las bolsas llenas, y ahora apenas da para comprar algunos productos básicos.

La inflación no perdona ni en la sobremesa, y es que ahora un café nos costaría 320 pesetas (casi dos euros). «5.000 pesetas me costaba a mí el alquiler de mi casa», expresa una mujer.

En cuanto a la cultura, en la actualidad con 30 euros nos daría para comprar un libro o para dos entradas de cine, aunque no para llenar el depósito del coche, algo que antes sí se podía hacer (y de sobra) con 5.000 pesetas.

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